Petra: Conocer la Séptima Maravilla

Petra

Tenía el objetivo a tiro de cañon. Cerca. Estaba muy cerca de un hito del turismo mundial. Petra. El vuelo del Cairo a Amman nos transportaba a Jordania, conocida también como la Suiza de Medio Oriente. No se mete en ningún lío, renuncia a algunos de sus derechos y no reclama fronteras así como lo hacen sus vecinos. ¿Cual es su recompensa? Vivir en paz en medio del caos y la violencia de todo el resto de los países que lo rodean.

Petra
Petra

Una visa cara y un sello naranja es todo lo que necesitas en tu pasaporte para poder buscar tus valijas y emprender el camino directo a Petra. El auto ya nos esperaba en el aeropuerto y así empezábamos a cruzar Jordania. Cabras y ovejas al costado de la ruta trataban de pastar en lugares donde el pasto no existía. Ilusas. Los remolinos de arena abundaban, se los veía de cerca y a lo lejos. Enormes cilindros centrifugaban la arena y turisteaban por el medio del desierto. Se movían sin claras direcciones jugando carreras con los autos de la ruta. Los camellos, estáticos parecían perdidos, pero no. El desierto era suyo, y levantando la cabeza no se olvidaban de dar el presente.


Así llegamos a la tardecita a nuestro hostel en Wadi Musa, un pueblo de montaña que se deleita con los atardeceres sobre aquel histórico pueblo de piedra. La terraza era un mirador perfecto. Por un lado las casas se codeaban peleando por milímetros de tierra montaña abajo. Por otro, el sol naranja se iba a dormir pidiendo permiso por sobre las puntiagudas puntas donde se encontraba el tesoro perdido.


A la mañana siguiente, tempranito tempranito emprendimos nuestro camino. Ticket por dos días nos daba tiempo para recorrer esa ciudad abandonada de punta a punta. Sin apuro, queríamos disfrutarla. No íbamos a permitir perdernos ningún detalle. Así, entre montañas que acariciaban los 100 metros de alto y unos cuantos kilómetros de largo, caminábamos anonadados. El paisaje era una completa locura.

Petra
Petra

Entre las rocas había una mini pasarela natural que nos hacia sentir en un desfile. Pero nosotros modelando por ahi no nos sentíamos mirados, sino que todo lo contrario. Eramos los privilegiados de mirar a ese público de piedra que teníamos a los costados. Las butacas eran rocas, y las plateas eran montañas. Los espectadores eran burros, cabras y camellos que te miraban ofreciéndote una vuelta a pleno rayo de sol.

Los camellos
Los camellos

Todo era antiguo. Todo era de otros tiempos, otra época. Y así, lentamente sobre el desfiladero se asomaba el tan conocido tesoro, llamado Petra. Con un bar a sus pies, y todos los servicios turísticos a su alrededor, parecía sobrado en confianza. Hermoso. Cartón completo. Era el día en el que conocía la última de las 7 maravillas del mundo. Era un día único. Así arrancó el primer trail. Un sin fin de escaleras, una subida desmotivadora, y un ángulo de pendiente temido hasta por los estudiantes de la física moderna se burlaba de nosotros. Enojados con el piso, zapateando los escalones subíamos, quejosos. Molestos y de mal humor como cualquier trekking exigido suele ponerte.

El Tesoro
El Tesoro

Pero llegar fue mas que gratificante. Toda la gente parecía haber quedado allá abajo. Eramos los únicos allá arriba, en el mejor mirador de Petra. La piedra naranja, desgastada, se entremezclaba con los camellos y las carretas que se veían minúsculos por allá abajo y el paisaje era completamente fascinante.

El Tesoro
El Tesoro


Al día siguiente fuimos hasta el final de la ciudad en ruinas. El objetivo del día: llegar al monasterio. Una señalización sin señales parecía leer el futuro. Metros y metros en vano. Varios pasos en falso y una marcha atrás que era inevitable. La pifiamos de arranque, era por otro lado. Pero así seguimos sin perder el foco.

A ritmo intenso hicimos alrededor de 20 km entre piso arenoso y piedritas que buscaban romper las zapatillas. Desgastados pero llegamos. Era como el tesoro de Petra, pero en lo alto de la montaña, y con un gran mirador dentro de una cueva. Las mesitas del bar ahí metidas eran nuestra guarida para defendernos del sol. Hermoso.

El Monasterio
El Monasterio


No todo terminaba ahí. Petra by Night nos esperaba. La iluminación no era la mejor, y la gente se peleaba por ponerse cerca del reflector. Parecían no darse cuenta que si les daba la luz a ellos, no le daba al templo. Y nadie quería verlos a ellos iluminados. Queríamos ver el mismísimo templo. Miles de velas iluminaban el camino y el piso del tesoro. Una luz naranja que se complementaba con el reflector blanco de la luna para que nadie se quede en el intento. Todos llegarían.


Inigualable destino natural, con inigualables obras del ser humano trabajando la piedra hacían de este destino, nada mas ni nada menos que una gran maravilla del mundo. Hoy me voy a dormir con esta imagen dando vueltas y vueltas en mi cabeza.

Petra
Petra

Si visitan Jordania les recomiendo que no pierdan la oportunidad de visitar sus países vecinos de Israel y Palestina y entender un poco mejor el conflicto que hace tantos años causa tanta tensión en la región.

Author: Ramiro Cristofaro

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.